Durante años, la inteligencia artificial se limitó a responder preguntas o generar imágenes. Ahora también escribe cuentos y relatos, y cada vez resulta más difícil distinguir qué texto fue creado por una persona y cuál por una máquina.
El conflicto explotó en el prestigioso Commonwealth Short Story Prize de la revista Granta. Tres relatos ganadores fueron acusados de haber sido escritos con IA por sus estructuras repetitivas y un estilo “demasiado perfecto”.
Herramientas como ZeroGPT o Grammarly fallan constantemente. Algunos textos humanos son marcados como “IA”, mientras que escritos generados completamente por inteligencia artificial logran pasar como auténticos.
Frases muy ordenadas, coherencia absoluta y ausencia de errores pueden activar alertas automáticas. Algunos autores incluso comenzaron a introducir imperfecciones para evitar ser acusados de usar IA.
La discusión ya no afecta solo a la literatura. También impacta en el periodismo, la educación y la investigación académica. Y la gran pregunta sigue abierta: si nadie puede demostrar qué escribió una IA… ¿cómo se probará la autoría real de un texto?