La industria tecnológica vive un momento sin precedentes. Nvidia marca ganancias récord y las Big Tech —Microsoft, Google, Apple y Amazon— acumulan más de 110.000 millones de dólares en un solo trimestre. Para algunos, es revolución; para otros, una burbuja a punto de explotar.
Aunque Nvidia bate marcas, hay señales inquietantes. Mucho del crecimiento refleja expectativas más que uso real: empresas construyen gigantescos sistemas de IA “por si acaso”. Y cuando el entusiasmo se enfría, el mercado entero tiembla, como el retroceso del S&P 500 tras la caída del 3% en Nvidia.
OpenAI vale 500.000 millones, Anthropic 183.000 millones y Thinking Machines decenas de miles de millones… pero ninguna es rentable. Aun así gastan cifras astronómicas: OpenAI promete 1,4 billones en computación y Anthropic 50.000 millones en centros de datos.
Las inversiones globales en centros de datos llegarán a 3 billones para 2028. Google, Microsoft, Amazon y Meta ya gastaron 360.000 millones en un año. Las demás empresas se endeudan masivamente, repartiendo el riesgo entre bancos y fondos que no saben bien qué tan expuestos están.
OpenAI, Nvidia y otros intercambian inversiones que terminan regresando a las mismas empresas en forma de compras de chips o potencia informática. Para críticos, estas maniobras inflan artificialmente el mercado. El futuro depende de que los clientes realmente paguen por la IA antes de que la deuda supere las ganancias.
Para algunos economistas, el gasto solo tiene sentido si alcanzan la inteligencia artificial general (AGI). Pero el impacto empresarial real aún es limitado: 8 de cada 10 compañías dicen que la IA no mejoró sus resultados.