Los microplásticos no flotan solos: viajan cargados de microorganismos y pueden impactar mucho más de lo que imaginamos.
Al tocar el agua, los plásticos forman un biofilm donde se adhieren bacterias, hongos y microbios: una comunidad llamada Plastisfera.
En esos biofilms se detectaron más de 100 genes de resistencia a antibióticos, incluso ligados a tratamientos médicos clave.
Los microplásticos transportan bacterias resistentes desde aguas residuales, ríos y alcantarillas hasta el océano.
Materiales como poliestireno y nurdles retienen contaminantes y facilitan el intercambio de genes entre bacterias.
Microplásticos colonizados alcanzan playas y zonas de acuicultura. La contaminación no termina en la depuradora.