Durante décadas, Okinawa fue famosa por su alta cantidad de personas centenarias. Pero la ciencia indica que no existe un único secreto detrás de esa longevidad: fue el resultado de un conjunto de hábitos y condiciones de vida.
La alimentación tradicional era principalmente vegetal, baja en calorías y grasas saturadas. La batata podía aportar cerca de dos tercios de las calorías, acompañada de soja, tofu, miso, verduras y pequeñas cantidades de pescado y carne.
Las generaciones mayores de Okinawa consumían históricamente menos calorías que las sociedades occidentales. El concepto hara hachi bu propone dejar de comer antes de sentirse completamente lleno, aunque no existe evidencia de que comer exactamente al 80% sea la clave.
Las generaciones más jóvenes ya no presentan la misma ventaja de longevidad. La occidentalización, los cambios en la alimentación y otros factores sociales y ambientales podrían explicar parte de esta transformación
La longevidad de Okinawa parece haber surgido de un conjunto de factores: alimentación basada en vegetales, moderación, actividad física cotidiana, vínculos comunitarios, condiciones sociales y posiblemente genética.